5 de enero de 2026
La actividad física regular es esencial para mantener y mejorar la salud en todas las edades. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la actividad física ayuda a prevenir y controlar enfermedades cardiovasculares, diabetes y muchos tipos de cáncer, además de mejorar el bienestar mental.
Durante el verano, el clima más cálido y las horas de luz extendidas pueden facilitar que incorporemos más movimiento al aire libre, ya sea caminatas, paseos en bicicleta, natación o juegos en parques y espacios abiertos.
La actividad física puede mejorar la salud del corazón, pulmones y músculos, y reducir el riesgo de enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes tipo 2 y obesidad.
Moverse en entornos naturales, como parques o senderos, también se asocia con mejor circulación, presión arterial más baja y salud metabólica general.
El contacto con el aire libre, la luz natural y los espacios verdes puede ayudar a reducir el estrés, la ansiedad y mejorar el estado de ánimo.
Estar al aire libre, además, puede fomentar la socialización y el sentido de comunidad, lo que también impacta positivamente en la salud emocional.
Para aprovechar al máximo los beneficios de ejercitarte al exterior sin poner en riesgo tu salud, tené en cuenta estas recomendaciones:
Elegí horarios frescos (a la mañana temprano o al atardecer) para evitar las horas de máximo calor.
Hidratate antes, durante y después de la actividad física.
Usá ropa ligera y protección solar.
Empezá de a poco y aumentá gradualmente la intensidad.
Aprovechá parques y plazas cercanas para diversificar tus espacios de movimiento.
Moverse en verano y hacerlo al aire libre no sólo potencia los beneficios de la actividad física tradicional, sino que también suma ventajas relacionadas con la exposición al sol, la naturaleza y el aire puro.
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