11 de mayo de 2026
En nuestros intestinos se encuentra un universo complejo y casi desconocido. Antes se lo llamaba la flora intestinal, pero en los últimos años el término evolucionó hacia una definición más precisa: la microbiota.
Todos parecen hablar de ella, pero ¿de qué se trata? “La microbiota intestinal se refiere a los microorganismos que habitan en el intestino (incluidas bacterias, virus, hongos y arqueas), especialmente en el colon”, dice la Dra. Susana Gutt, médica especialista en nutrición, que atiende en los consultorios de APSOT.
Pero, según aclara la especialista, hoy se sabe que “más allá de estos millones de microorganismos lo que importa es su conjunto de genomas, es decir cómo actúan metabólicamente. Esto se denomina microbioma”.
El microbioma intestinal es un ecosistema extremadamente complejo con una diversidad genética mucho mayor que la de nuestro propio ADN. Esta complejidad representa un desafío para la comunidad científica que trabaja para comprender su papel.
La microbiota intestinal cumple muchas funciones, pero de acuerdo con la especialista se puede resumir de esta forma: no podríamos obtener los nutrientes de los alimentos si no fuera por estas bacterias, ya que terminan de digerir lo que consumimos.
La microbiota fermenta la fibra de los alimentos. Al hacerlo, se producen los llamados ácidos grasos de cadena corta (que son especialmente tres: ácido acético, ácido propiónico y ácido butírico). El último es un potente antiinflamatorio. Entonces, la microbiota puede controlar la inflamación crónica de bajo grado y evitar la inflamación del intestino.
La alimentación ocupa un rol central en el mantenimiento de la microbiota. Por ello, es importante consumir alimentos ricos en fibra, como los cereales integrales, las legumbres y las verduras.
La microbiota varía en función de factores modificables (como el consumo de fármacos, entre otros) y no modificables (como la genética, la edad, etc.). El mal uso o abuso de antibióticos o antiácidos pueden generar efectos negativos en ella.
En definitiva, mantener en equilibrio la microbiota es beneficioso para el buen funcionamiento de nuestro metabolismo, del sistema digestivo y la inmunidad.
“Los microorganismos se encuentran entre las cosas importantes que heredamos de nuestras madres, ya que el primer contacto es materno”, sostiene la experta y luego explica que en un parto vaginal normal se produce una contaminación por la microbiota vaginal y rectal de la madre hacia el hijo.
Este contacto con microorganismos que ocurre en el tracto digestivo en el momento de nacer es muy importante para el desarrollo del futuro bebé. También la leche materna cumple un rol importante en la formación de la microbiota del recién nacido.
Los cambios intestinales como el dolor abdominal, las flatulencias y la distensión dan cuenta de un desequilibrio de la microbiota, dice Gutt.
“La actividad microbiana puede expresar enfermedades gastrointestinales como síndrome de intestino irritable, sobrecrecimiento bacteriano (SIBO), con síntomas como la distensión abdominal y flatulencia. Además, la microbiota intestinal puede contribuir a promover enfermedades inflamatorias de bajo grado como la obesidad y la diabetes tipo 2, entre otras”, agrega.
Aunque se han logrado avances en la comprensión de la microbiota y microbioma intestinal, aún queda mucho camino por recorrer, sobre todo para explorar los intrincados mecanismos de comunicación entre la microbiota y el sistema inmunológico.
Según estudios, la dieta mediterránea es beneficiosa para la microbiota. Esta se caracteriza por la ingesta de frutas, verduras, cereales y legumbres, y su bajo consumo de carnes rojas. La clave del beneficio está en la combinación de múltiples alimentos.
Además, se recomienda ingerir ácidos grasos omega 3 presentes en pescados azules, como la sardina, la caballa, el atún y el salmón, entre otros, o en frutos secos naturales.
Otra clave es ingerir alimentos que contengan probióticos naturales, como el yogur, la kombucha y el kimchi, una preparación de origen coreano en base a verduras fermentadas, con repollo y cebolla. Por último, se aconseja disminuir la ingesta excesiva de alcohol, azúcar y ultraprocesados.
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