22 de diciembre de 2025
“La consulta en verano suele girar alrededor de tres ejes: la deshidratación y los golpes de calor, las enfermedades gastrointestinales y las patologías transmitidas por insectos”, resume la Dra. Irene Gopen, médica clínica de los consultorios APSOT. A esto agrega como recomendación permanente la importancia de mantener al día el calendario de vacunación y de extremar los cuidados de los chicos en los espacios con agua.
El golpe de calor es una afección causada por el sobrecalentamiento del cuerpo. Suele suceder debido a la exposición a altas temperaturas. “Es una persona que puede estar confusa, mareada, con la piel caliente, a veces seca, no sudorosa, con dolor de cabeza y taquicardia”, describe Gopen.
El golpe de calor es una urgencia y frente a esta situación, explica que lo primero es retirar al paciente del ambiente caluroso. “Hay que llevarlo a un lugar cerrado con ventilación, refrescarlo con agua fría o elementos frescos y, si está consciente, hidratarlo. Si no hay un buen nivel de conciencia, hay que internarlo para colocar un suero endovenoso”.
Si bien el golpe de calor puede presentarse a cualquier edad, es más frecuente en los adultos mayores. En las personas que practican deportes, lo que se observa con mayor frecuencia es la deshidratación, que suele ser un paso previo. “Ahí la persona puede estar acalorada, sudorosa, empezar con dolor de cabeza y mareos. El parámetro es hidratarse y ponerse a la sombra”, explica.
“La recomendación es no practicar actividad al aire libre entre las 11 y las 17 horas. En el caso de que no se pueda cumplir con esa indicación, se aconseja hacerlo usando sombrero o gorra, que ayudan a proteger la nuca y las orejas. También se recomienda utilizar remeras de manga larga y, en lo posible, pantalones largos”, aconseja.
Para evaluar el nivel de hidratación, la médica menciona un indicador simple y práctico. “La orina debería ser amarilla muy pálida. A medida que se va concentrando y el color se vuelve más intenso, quiere decir que tenemos menos líquido en el cuerpo”. Durante el verano, recomienda aumentar el consumo de agua e ingerir dos litros de agua por día. También sugiere sumar frutas y verduras, sobre todo en personas que no sienten sed con facilidad. “Comer mucha fruta y verdura es una forma de hidratarse también”. En cambio, aclara que el alcohol y las bebidas azucaradas no están recomendados, ya que favorecen la deshidratación.
Otro motivo habitual de consulta en esta época son las enfermedades gastrointestinales, que suelen manifestarse con diarrea y vómitos. “En general están relacionadas con el cuidado de la cadena de frío, que en verano se vuelve mucho más indispensable”, advierte Gopen.
En ese sentido, remarca la importancia de descongelar los alimentos en heladera y no al aire libre, racionar lo que se va a consumir y enfriar la comida enseguida después de cocinarla, sin dejarla fuera de la heladera. Los alimentos que contienen huevo, como la mayonesa y los helados, requieren especial atención. “Las infecciones gastrointestinales no son solo salmonela; muchas veces tienen que ver con la manipulación de los alimentos y con no respetar la cadena de frío”, agrega.
Si bien el rotavirus y otras gastroenteritis pueden presentarse durante el verano, su mayor frecuencia se observa en primavera. “El rotavirus existe y, por suerte, hay vacuna para los bebés”, advierte la especialista.
Las picaduras de mosquitos representan otro eje de prevención importante, en particular por enfermedades como el dengue. “Por ahora CABA no es una zona endémica, aunque no sabemos si en algún momento puede transformarse en una, como ocurre en el norte del país”, señala. La recomendación principal es reducir la exposición. “Mangas largas, pantalones largos, repelente y reaplicarlo cada dos o tres horas. En los bebés, usar mosquiteros, porque todavía no se puede usar repelente”, enumera Gopen.
Una duda frecuente es qué va primero: el protector solar o el repelente. Según el Ministerio de Salud, primero debe aplicarse el protector solar y esperar 30 minutos antes de colocar el repelente, para conservar la efectividad de ambos. Para recordarlo con facilidad, la especialista propone una regla simple: humectante, protector y repelente (HPR).
Por último, la médica remarca la importancia de la prevención en los más chicos, especialmente en relación con el agua. “El cuidado de los niños en piletas, arroyos e incluso zanjas es súper importante. La supervisión tiene que ser constante”, enfatiza. También recuerda que el verano es una buena oportunidad para reforzar la vacunación. “Siempre hay que aprovechar cualquier oportunidad para hablar del tema y mantener el calendario al día”, concluye.
En resumen, la Dra. Gopen aconseja:
Evitar la actividad física y la exposición prolongada al sol entre las 11 y las 17 horas.
Aumentar el consumo de agua y sumar frutas y verduras para favorecer una buena hidratación.
Respetar la cadena de frío de los alimentos y extremar la higiene en su manipulación.
Protegerse del sol. El factor de protección (FPS o SPF) debe ser por lo menos de 30 y se debe usar ropa que proteja la piel.
El repelente se debe reaplicar cada 2 o 3 horas; en bebés, utilizar mosquiteros.
Supervisar de manera constante a los niños en piletas, arroyos e incluso zanjas.
Mantener actualizado el calendario de vacunación.
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