3 de junio de 2026
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte a nivel global. El Dr. Oscar Mendiz*, director ejecutivo del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro, explica cuáles son los factores de riesgo más frecuentes, qué señales no conviene ignorar y qué hábitos ayudan a proteger la salud cardiovascular.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares provocan cerca de 20 millones de muertes al año. Aunque los avances médicos han permitido mejorar el diagnóstico y el tratamiento de patologías como el infarto y el accidente cerebrovascular (ACV), los especialistas coinciden en que la herramienta más efectiva sigue siendo la prevención.
“Vale la pena remarcar la importancia de la prevención porque los resultados no son buenos. Hay un montón de cosas que tenemos que corregir”, señala el Dr. Oscar Mendiz.
“La enfermedad cardiovascular más importante es la enfermedad coronaria, responsable de la mayoría de los infartos de miocardio. Su origen está en la aterosclerosis, un proceso en el que colesterol, lípidos, calcio y otras sustancias se acumulan en las paredes de las arterias. Con el tiempo, esas placas pueden romperse, formar un coágulo y obstruir el flujo sanguíneo, lo que puede desencadenar un infarto de miocardio”, explica el especialista.
El mismo mecanismo puede comprometer otros órganos, agrega Mendiz. Si afecta un vaso cerebral produce un accidente cerebrovascular; si involucra las arterias de los miembros inferiores, puede derivar en gangrena y, en los casos más graves, en la pérdida de una extremidad.
Si bien existen condiciones hereditarias que no pueden cambiarse —como el sexo masculino, que en edades más jóvenes representa un factor de riesgo— la mayor parte de las enfermedades cardiovasculares está vinculada a factores modificables. “El tabaquismo, la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, la obesidad y el sedentarismo son los principales. Últimamente, se añadieron la depresión y la soledad, que también incrementan la mortalidad cardiovascular”, dice el especialista.
La hipertensión arterial, en particular, tiene una prevalencia muy alta: uno de cada cuatro argentinos adultos la padece y cerca de la mitad no está bien tratado; un 25 a 30 % ni siquiera sabe que la tiene. A esto se suma el aumento sostenido de la diabetes tipo 2, estrechamente ligado al incremento del exceso de peso en la población occidental durante la última década.
Sobre la obesidad, Mendiz subraya: “Una cosa es estigmatizar la obesidad y otra es entenderla como una enfermedad que va a deteriorar la calidad de vida y acortar la expectativa de vida. Si ponemos el foco en la estigmatización, probablemente no resolvamos nada.” Y agrega que el problema puede comenzar en la infancia: un niño con obesidad probablemente arrastre hábitos no saludables durante décadas, y corregirlos con el tiempo se vuelve progresivamente más difícil.
El tabaquismo continúa siendo uno de los factores de riesgo cardiovascular modificables más relevantes. En el marco del Día Mundial Sin Tabaco —que se conmemora cada 31 de mayo— Mendiz advierte sobre el crecimiento del vapeo entre adolescentes y jóvenes. “El vapeo hay que mirarlo con mucho cuidado porque puede ser una forma de inicio del tabaquismo. Lo que hace adictivo al tabaco es la nicotina. Cuando los jóvenes se vuelven adictos a la nicotina, muchas veces terminan usando las dos cosas: vapeo y cigarrillo.”
El especialista aclara que gran parte del daño asociado al cigarrillo proviene de la combustión del tabaco, y que si una persona no puede dejar de fumar, el vapeo podría ser una opción comparativamente menos dañina. Sin embargo, no se trata de una recomendación: “El vapeo también tiene efectos sobre la salud y, además, los aromatizantes lo vuelven más atractivo para los jóvenes”, dice.
El sedentarismo forma parte de los factores de riesgo que más preocupan a los especialistas. Para cuidar la salud cardiovascular, Mendiz recomienda acumular al menos 150 minutos semanales de actividad física, combinando ejercicio aeróbico con trabajo de fuerza. “La vida moderna hace que pasemos gran parte del día sentados. Pero uno tendría que buscar la vuelta para poder hacer actividad física.”
El descanso también cumple un rol importante en la salud cardiovascular. “Hoy se le da importancia a dormir bien porque, si no, predispone también a la hipertensión y a las arritmias. Sobre todo en las personas con obesidad que tienen apnea del sueño, una condición que merece ser tratada”, explica Mendiz.
Más allá de los hábitos saludables, Mendiz destaca la importancia de realizarse controles médicos periódicos para detectar factores de riesgo antes de que aparezcan complicaciones. Desde edades jóvenes conviene saber si se tiene diabetes o colesterol elevado; a partir de los 30 años, los análisis de sangre y los estudios cardiovasculares deben incorporarse a la rutina, con una frecuencia que variará según la edad, los antecedentes familiares y la presencia de condiciones como hipertensión o diabetes.
Entre los síntomas que requieren consulta médica inmediata se encuentran el dolor en el pecho que se irradia al brazo o a la mandíbula y la falta de aire. Sin embargo, no siempre los infartos se presentan de manera evidente. “Siempre hay que tener presente que el 40 % de los infartos no tienen un síntoma claro. Entonces, ante la duda, siempre es preferible consultar”, advierte el especialista.
Para Mendiz, el mensaje final es claro: “Prevenir siempre es mejor que curar. Hoy hacemos cosas fantásticas para tratar un infarto, pero sea cual sea el problema que resolvemos, curar no curamos a nadie. Le prolongamos la vida y le mejoramos la calidad de vida, pero las enfermedades siguen estando. Así que prevenir”.
*Oscar Mendiz es expresidente de la Sociedad Latinoamericana de Cardiología Intervencionista (SOLACI); Master Fellow Society for Cardiac Angiography and Interventions; Fellow American College of Cardiology y Personalidad Destacada de la Medicina, una distinción otorgada por la Legislatura de CABA.
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