16 de junio de 2026
El Dr. Alfredo Mauricio Eymann, médico de planta del Servicio de Clínica Pediátrica del Hospital Italiano, reflexiona sobre temas que atraviesan hoy a los jóvenes, como las redes sociales, el vapeo y la presión por la imagen, y explica por qué el diálogo, el ejemplo y la presencia de los adultos siguen siendo fundamentales para acompañarlos.
La adolescencia suele definirse como la etapa que transcurre entre la niñez y la adultez, pero para Eymann esa descripción resulta insuficiente. Para el especialista, se trata del período de la vida en el cual una persona alcanza la capacidad reproductiva, pero, fundamentalmente, define su identidad, su proyecto de vida y comienza a desarrollar su autonomía económica. Además, aclara que, desde el punto de vista biológico, el cerebro continúa madurando hasta alrededor de los 25 años.
“El trabajo de los adolescentes es refutar o revalidar las reglas que primero los padres les dijeron, después la escuela y más tarde la sociedad”, señala Eymann.
“Desafiar límites para construirse, rasparse las rodillas en ese proceso, es saludable en esta etapa”, ejemplifica. Sin embargo, aclara que la situación es diferente cuando las conductas implican riesgos importantes para la salud o la seguridad.
El especialista señala que cada adolescente atraviesa esta etapa de manera diferente. Algunos están más preocupados por el estudio o su futuro profesional; otros, por sus vínculos, su identidad o la relación con sus padres. Por eso, considera importante evitar las generalizaciones y entender que existen muchas formas distintas de vivir la adolescencia.
También destaca que hoy existe una mayor aceptación de la diversidad sexual y de género que décadas atrás, sobre todo en los grandes centros urbanos como Buenos Aires. Además, considera que los jóvenes cuentan con más información gracias a herramientas como la Educación Sexual Integral (ESI), aunque aclara que disponer de información no siempre garantiza conductas saludables. “Los adultos también hacemos cosas que sabemos que no nos hacen bien. Con los adolescentes pasa exactamente lo mismo”, señala.
Las redes sociales ocupan un lugar central en la vida de los adolescentes. Eymann destaca que la tecnología es algo muy positivo, pero advierte que, como toda herramienta, también tiene su contracara. “El problema no es que existan las redes. El problema es cuando ocupan casi todo el tiempo libre”, señala. El especialista explica que estas plataformas son adictivas porque generan estímulos constantes que activan los circuitos cerebrales asociados al placer y la recompensa.
“Cuando un adolescente dice que se aburre, es algo positivo. El aburrimiento es un lugar incómodo, pero desde esa incomodidad aparecen nuevas búsquedas, nuevos intereses y nuevas experiencias”, afirma.
Otro punto que Eymann destaca es el rol de los adultos frente a las pantallas. “Los niños aprenden lo que ven, y los adultos pasan mucho tiempo con el celular en la mano, incluso en las comidas”, sostiene.
Para el especialista, la mesa familiar es un espacio que merece atención especial. “La comensalidad es el lugar donde pasa casi todo: las conversaciones, los gestos, el beso que le das a tu pareja, el 'cómo te fue hoy'. Si eso no sucede porque cada uno está mirando una pantalla, también hay un aprendizaje”, advierte. Y aclara que ese aprendizaje no es menor: los niños incorporan desde pequeños cómo se relacionan los adultos, cómo se escuchan, cómo se tratan. “No hay que decirles cómo comportarse en la mesa. Hay que mostrarles”, dice.
Entre las tendencias que observa con más frecuencia aparece también el crecimiento del vapeo. Según explica, muchos jóvenes lo perciben como una práctica menos riesgosa que fumar, lo que favorece su expansión. “Cuando las personas perciben que algo tiene bajo riesgo, dejan de cuidarse. Pasa en todos los ámbitos de la vida”, advierte. “El tema con el vapeo es que más allá de la sustancia que uno le agregue —marihuana, tabaco o aromatizantes—, ese aire caliente es tremendamente nocivo. Todavía está en estudio en qué medida lo es”, agrega.
Otra preocupación creciente es la presión por la imagen corporal, especialmente entre los varones. El interés por el gimnasio, la musculación y el consumo de suplementos aparece cada vez con más frecuencia en edades tempranas.
El problema aparece cuando se instala la idea de que para verse bien o sentirse mejor es imprescindible consumir determinados productos. Eymann aclara que suplementos como las proteínas o la creatina tienen indicaciones específicas, especialmente en deportistas de alto rendimiento, pero advierte que muchas veces los adolescentes los consumen sin necesitarlos realmente.
“Estos niños son ahora adolescentes, pero fueron tus niños cuando tenían un mes”, señala. Por eso, sostiene que gran parte de las herramientas necesarias para acompañarlos durante esta etapa se construyen mucho antes, a lo largo de la infancia.
Para el especialista, los valores no se transmiten únicamente a través de explicaciones o consejos. Se aprenden, sobre todo, observando cómo actúan los adultos en la vida cotidiana y construyendo y acordando las pautas de crianza que cada familia define.
Eymann insiste en que lo importante es que los adolescentes sepan que, incluso cuando se equivocan, pueden recurrir a los adultos de referencia. Lo ilustra con una escena concreta: una chica que consumió alcohol de más en una salida y llama a su mamá para que la vaya a buscar. “Esa escena es hermosa. Sabe que la van a retar, que va a haber una consecuencia. Pero también sabe que la van a ir a buscar”, dice. Para Eymann, ese es el núcleo de todo: “La comunicación es lo más importante para preservar el vínculo”, concluye.
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