Alergias en primavera: cómo reconocerlas, prevenirlas y tratarlas

  • Prevención

16 de septiembre de 2026

Estornudos, picazón, congestión y ojos irritados son algunas de las molestias que pueden aparecer en esta época del año. Conocer qué las desencadena y adoptar algunas medidas simples puede ayudar a reducir su impacto y disfrutar mejor de la primavera.

Con la llegada de la primavera aumentan los cuadros de alergia provocados por el contacto con el polen. La Dra. Marina Rosende, médica de los consultorios APSOT y subjefa operativa del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Italiano, explica cuáles son los síntomas más frecuentes, cómo diferenciarlos de una gripe y qué medidas y tratamientos permiten aliviarlos.

¿Qué es la alergia primaveral?

La alergia primaveral es una reacción exagerada de nuestro sistema inmune que se produce por el contacto con el polen. El polen no proviene solamente de las flores y los árboles, sino también del césped, algo que a veces no se dice y que es importante tener en cuenta. Ocurre en esta época justamente por la mayor presencia de polen.

¿Cuáles son sus síntomas más característicos?

Los síntomas más frecuentes son los accesos de estornudos, la picazón de garganta, nariz, ojos y párpados, la congestión nasal y la rinorrea acuosa, que es diferente del moco del resfrío, que suele ser más denso. También puede haber tos y, a veces, una sensación parecida a tener un cuerpo extraño, como una miga de pan en la garganta.

¿Cómo puede diferenciarse una alergia de una gripe o un resfrío?

En realidad, el que tiene alergia desde hace muchos años reconoce perfectamente sus síntomas. La diferencia con una gripe es que esta genera malestar general y fiebre, mientras que una reacción alérgica nunca va a producir fiebre.

Con respecto al resfrío, este suele producir un moco más denso y no genera tanta picazón de garganta, nariz, ojos y párpados. Al alérgico le pican los ojos y los párpados porque el polen puede entrar a través de la nariz, la boca o los ojos.

¿Existe una predisposición genética?

Sí, hay una predisposición genética, pero también hay que tener en cuenta el cambio climático. Hay una mayor polución, sobre todo en ciudades como Buenos Aires, donde existe una gran cantidad de contaminación. Por eso hay factores ambientales y factores genéticos.

Además, con el cambio climático se hizo más largo el periodo de la alergia primaveral. Antes eran los tres meses de la primavera. Ahora empieza entre mediados y finales del invierno y se mantiene incluso durante el verano.

¿Cómo se diagnostica la alergia primaveral?

El diagnóstico es clínico: hay que escuchar al paciente y revisarlo. Después, en algunos casos, se puede pedir un análisis de sangre para evaluar algunos parámetros específicos. Para otras alergias están las pruebas cutáneas o prick test, que sirven para determinar a qué es alérgica una persona. Muchas veces no se realizan en el paciente con alergia primaveral porque está claro que los síntomas aparecen durante esa época.

¿Qué medidas cotidianas ayudan a prevenir o disminuir los síntomas?

Hay varias medidas. Una es que, cuando llegamos de la calle, nos saquemos la ropa, nos bañemos y nos lavemos el cabello, porque el polen queda en la ropa y arriba nuestro. Esto es especialmente importante después de un día muy ventoso.

También conviene evitar las actividades al aire libre durante los días con mucho viento, porque el viento levanta el polen del piso y de las plantas.

Otra recomendación es mantener cerradas las ventanas a la mañana temprano y a la tardecita, que son los momentos en los que hay una mayor cantidad de polen.

También hay que utilizar el aire acondicionado con los filtros bien limpios. Hay que limpiarlos cada seis meses o, como máximo, una vez al año porque, de lo contrario, pueden hacer que el polen vuelva a circular.

Para limpiar, es preferible usar la aspiradora en lugar de barrer, porque cuando uno barre levanta el polvo y en ese polvo también está el polen que entró por las ventanas.

Otra medida es usar anteojos de sol, porque el polen también entra a través de la mucosa de los ojos.

¿Qué tratamientos se utilizan para controlar la alergia?

Tenemos los antihistamínicos, que son los antialérgicos que más se usan y que ayudan a aliviar la picazón, los estornudos y la mayoría de los síntomas.

También se pueden usar sprays nasales con corticoides, que disminuyen la congestión y esa rinorrea acuosa tan molesta que hace que la persona se toque o se doble la nariz todo el tiempo. Si fuera necesario tratar los síntomas en los ojos, se puede indicar algún colirio con antihistamínico. La novedad es que, desde hace algunos años, existen sprays nasales que combinan corticoides y antihistamínicos en un mismo producto. A veces, esto permite evitar el antihistamínico oral.

Cuando el proceso es muy intenso, puede requerir no solamente un antihistamínico, sino también un corticoide por vía oral, sobre todo en los cuadros muy severos.

¿Es importante consultar al médico o los pacientes pueden tratarse por su cuenta?

Siempre es mucho mejor que haya un médico detrás del tratamiento. Como cualquier medicamento, los antihistamínicos pueden tener efectos adversos. Además, hay antihistamínicos con diferentes características y cada alergia requiere uno en particular.

Uno de los errores que cometen muchos pacientes es comprar solamente un antihistamínico, tomarlo durante cuatro o cinco días y después suspenderlo. Si el proceso alérgico dura tres meses, tomar el medicamento durante cinco días es pan para hoy y hambre para mañana.

Por último, ¿cuál es la principal recomendación para quienes sufren alergias durante la primavera?

Lo primero que les diría es que siempre hay un tratamiento para hacer y que siempre se puede estar mejor. No hay por qué sufrir ni padecer los síntomas. Si un tratamiento no dio resultado, se pueden probar otras opciones u otras combinaciones de medicación. Siempre hay algo para hacer, para vivir mejor y disfrutar de la primavera y de las flores.